Había una vez un niñito bello, cariñoso,
considerado y alegremente obediente. El niño era la luz de los ojos del
padre, y la madre gozaba mirándolo. Los maestros de la escuela a la que
asistía el niño enviaban brillantes informes sobre el progreso escolar
y la exitosa integración social del alumno.A menudo la familia hacia
magnificas cosas juntos : a veces realizaban caminatas y campamentos, o
practicaban juegos en el prado frente a la casa, otras veces visitaban
familiares, museos y restaurantes y en ocasiones hallaban placer en
cosas tan simples como tenderse en el piso de la sala con las
historietas de los domingos en las mañanas soleadas de invierno.
Pero un dìa....no mucho después de que la familia
hubiera celebrado el decimotercer cumpleaños del niño, comenzó a
percibirse en la casa un clima sombrío. El niño empezó a experimentar
ciertos cambios físicos que lo hicieron sentir torpe y poco atractivo y
que se tradujeron en un malhumor dirigido a los otros. El niño ya no
era tan considerado como antes, y cuando sus padres se lo hicieron notar
pareció molestarse con la critica, retrayéndose.
Los padres , que se consideraban razonablemente
esclarecidos, al principio aceptaron los cambios con cierto curioso
pesar, esperando que con el tiempo el chico volviera a ser feliz y
alegre. Pero en realidad, a medida que fue pasando el tiempo, el niño
pareció cada vez menos feliz y alegre y, en verdad en ocasiones la
presencia malhumorada del muchacho ensombrecía la vida de toda la
familia.
Nada resultaba para recuperar al niño, Ni la
amabilidad, ni los ruegos, ni las reprimendas, ni la suspensión de
privilegios, ni el castigo directo. De hecho, cuanto mas se esforzaban
los padres para hacer cambiar al hijo, en mayor medida respondía el
muchacho de manera desagradable. A pesar de su sorpresa y renuencia en
admitirlo, debieron reconocer que el hijo ya no confiaba en ellos. El
muchacho rechazaba todo consejo, a veces negándose incluso a escuchar.
Parecía, además, que el chico ya no los quería, aun mas parecía
despreciarlos. Las notas escolares del muchacho empezaron a decaer y se
sospecho que tal vez estuviera experimentando con las drogas y el
alcohol. Cuando se lo encaro con esas sospechas, rehusó contestar con
franqueza. Empezó a frecuentar a un grupo de muchachos poco
recomendables.
El hecho es que el niñito bello, cariñoso,
considerado y alegre se había transformado, metamorfoseado
repentinamente en un extraño, poco atractivo, insolente, desconsiderado
y tiránico. Lo mas angustiante de todo era que, de cuanto los padres
trataran de hacer, la situación parecía deteriorarse día a día.
¡ Que sucedió con nuestro hermoso chico? , "se
preguntaban los padres " ¡ Nos equivocamos en algo durante la
crianza? ¡ Como pudo sucedernos a nosotros algo así? ¡ Donde ira a
terminar esto?.
Los padres se sentían impotentes, confundidos,
atemorizados incluso hasta el punto del pánico de que su chico hermoso,
cariñoso, considerado y alegremente obediente se estuviera convirtiendo
en un muchacho desaliñado, deshonesto, incapaz de lograr objetivos,
desobediente, indisciplinado e irresponsable. El pronostico: el muchacho
estaba en camino de convertirse en un marginado de la sociedad, en un
parásito, en un drogadicto, en un criminal, en un malhechor, en un
¡asesino¡
Para quienes vemos adolescentes, esta es la clase de
atemorizada queja que escuchamos cada dìa en la consulta, de padres con
hijos e hijas adolescentes. Esos padres--- y sus hijos están sufriendo
realmente. No hay nada divertido ni gracioso en la angustia de
acompañar a un muchacho (a) problematizado a través de los años de la
adolescencia hasta la joven adultez.