editoriales 

CRÓNICAS Y EDITORIALES DE LA MEDICINA

Ensayos, Escritos, Cuentos, Poemas, etc., 

Aportados por Médicos Pediatras.

CIENCIA MÉDICA VS PENSAMIENTO MÁGICO

Dr. Juan De Dios Leal Rodríguez  CPNLAC

     
       
       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CIENCIA MÉDICA vs PENSAMIENTO MÁGICO
Colaboración del

Dr. Juan De Dios Leal Rodríguez

CPNL AC, Monterrey, N. L.

       Una  pregunta me ha venido acosando desde hace tiempo; quizá desde que tomé la determinación de dedicar mi vida a la ciencia médica. Porque la gente parece preferir la llamada medicina alternativa frente a la medicina científica; no obstante el crecimiento y eficacia comprobable de esta por medio de los avances modernos que le brindan al paciente una mejor terapia y una gran garantía de aliviar sus padecimientos.

       Frente a esto, los locales de hierberías se multiplican por doquier saliéndose de los sitios que tradicionalmente se consideraban como idóneos para su establecimiento, es decir, las hierberías se han escapado de los mercados comunes para dispersarse por toda la geografía de las ciudades actuales. En los ultramodernos malls, en las zonas reservadas para el turismo extranjero, las llamadas zonas rosas, (no hay que olvidar que desde los sesentas se puso de moda el esoterismo en el primer mundo) en los aeropuertos, en todos los sitios donde se congregan y concurren grandes multitudes, en las zonas más paupérrimas así como en las de gran lujo, en verdad, no existe un lugar que no haya sido invadido con la presencia de estas tiendas que en muchas ocasiones reciben el nombre de tiendas naturistas; y en esa misma tendencia se suelen ver personas de clases altas e ilustradas recurriendo a los remedios caseros más tradicionales; las gotas de micamia para la circulación sanguínea, los emplastes de sábila para mejorar la lozanía de la piel, los milagros inesperados que el jugo noni produce, las promesas y panaceas del ging seng, etc.

       Pareciera como si la medicina científica se estuviese yendo a pique; sin embargo y contra lo que pueda parecer la medicina científica actualmente está más vigorosa que nunca, aunque la aparente indiferencia de la gente proceda de factores culturales muy arraigados en ella, cuestiones tan complejas que serían más dignas de estudio por un profesional de la mente humana o especialistas de la investigación en Psicología Social en combinación muy cercana del Historiador en Antropología.

      Pero existen factores derivados de aspectos distantes a la medicina que sin embargo si interfieren decicidamente en la crisis que la ciencia médica está pasando; por ejemplo, la aguda comercialización de que es objeto y que convierte al fenómeno social en un artículo de lujo. Esto se encuentra perfectamente delineado en un estupendo texto publicado en Medicina Universitaria, Vol. II #7 por el investigador, científico y médico Ruy Pérez Tamayo.

       La negativa actuación por parte de los empresarios de seguros médicos que en los E. U. ya han causado un alejamiento plausible de la solicitud de estos servicios en el grueso del público (no todo es miel con hojuelas en el primer mundo). Y las políticas de los laboratorios que en la misma manera han producido un encarecimiento galopante de los medicamentos. El otro aspecto podría ser la necesaria especialización de la medicina y la inherente deshumanización del médico. Todo ello sumando a una inevitable tendencia inconsciente de los individuos hacia las soluciones de índole mágica, se traducen en un aparente distanciamiento del gran público hacia la ppresencia del médico.

      El pensamiento mágico como lo ilustarn múltiples trabajos de cuño antropológico dormita en lo profundo de la gente. Acaso no es un pensamiento mágico perfectamente aceptado el sentimiento religioso. Suelen existir imágenes religiosas dispersas en los hospitales y hasta capillas para que los familiares de los pacientes acudan a ellas; sumado al hecho de que tradicionalmente en nuestra Latinoamérica, la administración y procreación de hospitales es de orígen religioso, católico para ser más exactos.

      Si se llevara a cabo una encuesta en el número de galenos que profesan con fervor una religión, se llegaría a la conclusión que en un grado muy alto estos científicos son también hombres de fé. Se antoja recordar una acnédota que un amigo me contaba de la primera vez que tuvo que viajar en avión. Cuando después de que el piloto de la nave hiciera una detallada exposición de naturaleza científica en cuanto a las leyes de la física, esto último con la finalidad de subrayar la imposibilidad de una caída. Procedió a instalarse en su cabina de mando no sin antes persignarse.

       Las leyes del azar son exactamente la manifestación de lo divino (nótese la irónica contradicción). Dios se ocupa de las ciencias exactas, pero también de los eventos que encuentran fuera de ellas. Y en el azar quien tira la primera piedra. En este sentido, en el ser humano existe un inmenso agujero negro por donde se filtra toda la duda del universo.

       Sin el pensamiento mágico no existirían las religiones, ni las loterías, ni las diversiones y muchas de las necesarias esperanzas que dan alivio al sufrimiento. Pero lo más triste de todo éste asunto es que sin el pensamiento mágico tampoco existirían las manifestaciones artísticas. En esta naturaleza lúdica, el principio del juego y el placer lo que lleva al hombre a crear un sinfín de cosas; no hay que olvidar que un lejano estadio de la historia humana las religiones sirvieron para impulsar a las civilizaciones, es más, crearon a la civilización y a la misma cultura humana, permitieron al hombre salir de su erradiza salvaje y desgastante, le dieron la sedentarización y la tierra prometida, permitiéndole enseñarle a sembrar y construir, a pensar y hacer ciencia.

      La religión es la creadora de la ciencia, del arte y el desarrollo total de la civilización; pero también es indudable que al correr del tiempo y debido al poder acumulado se corrompió dando como resultado los odiosos fundamentalismos retróradas y dogmáticos.

        Sin embargo el objeto de este escrito no es hacer teología o caer en diatribas con lo religioso y espiritual; lo que se propone quién esto escribe es desentrañar la pregunta de, porqué parecer ser que la ente prefiere al curandero y su parafernalia frente a la medicina moderna. Y en este entuerto se tienen que tocar muchos puntos aparentemente dispersos pero que forman parte de un mismo nudo gordiano.

       Pensar que las medicinas alternas compiten con la medicina científica es tanto como pensar que los reliiosos compiten con los médicos. En muchos aspectos se sabe que médicos en comunidades rurales alternan con los brujos y curanderos locales; en comunidades como la Alta Sierra Tarahumara. Sin ello, muchas enfermedades definitivamente no podrían ser tratadas; los usos y costumbres en ocasiones le imprimen a la práctica médica un límite, límite en que el caso de la medicina le impone el mismo hombre y su diversidad cultural.

       Es de todos sabido que la legislación norteamericana deja un apartado para el uso ritual y religioso de la cactácea llamada comunmente peyote, como uso exclusivo de la Indian Church de Norteamérica. Esto no significa ninguna violación a las leyes norteamericanas que penalizan el uso, tráfico y comercio de todos los alcaloides considerados como estimulantes del sistema nervioso central.

       Algo similar sucede con la medicina, una actividad cultural que permanece lejos de la comprensión de una gran mayoría, no obstante el inmenso despliegue de la información existente en nuestra actualidad, haciendo recordar, además, a los científicos que aún en plena era de la divulgación en que vivimos, la práctica médica forma parte de una élite de conocimiento. Al pueblo en general, la entrada al interior de este recinto le está vedada por naturaleza.

       El médico no concluye su problemática con la culminación de su carrera; al recibirse de galeno también dá principio a una serie de problemas e interrogaciones que perdurarán en educación continua hasta concluir su propia existencia. En contraste, la gente común continúa atada a la creencia, por que ésta le brinda la ilusión de un remedio milagroso, rápido y sobre todo, muy barato en comparación con los altos costos de los medicamentos y el grado de dificultad para comprender la compleja estructura científica de la medicina actual.

      No obstante hallarse presente los servicios médicos de asistencia social y del sector público, la madeja estructural de la burocracia más la corrupción existente en este sector han servido para mantener a distancia y profundamente decepcionados a un gran número de pacientes.

       La charlatenería triunfa y sigue causando bajas por que la población lo permite; una política de salud pública debería ser diseñada partiendo de los problemas que la medicina actual enfrenta. Ante la imposibilidad de impedir el libre comercio, en una sociedad que cada vez más avanzada hacia el llamado liberalismo comercial, los sistemas de seguridad social en materia de medicina, son cada vez amenazados en su existencia y la proliferación de lacras corruptivas ayuda a quienes tienen un espíritu de privatización.

       En todo caso quién atenta contra la misma medicina y su proyecto humanístico es la misma sociedad actual, al permitir la conversión de los objetivos éticos del juramento de Hipócrates en estrategias de mercado. Frente a esto el médico se encuentra en un callejón sin salida, o se suma a la gran cruzada comercial y transcurre su existir cómodamente insensible o permanece a la saga ignorado, pobre y atormentado hasta el grado de la amargura, muy lejos de encontrar eco en las capas que detenta el poder económico. Muy pocos seguramente tendrían el suficiente espíritu quijotesco para seguir fielmente la máxima hipocrática.

       Mientras este panorama persista en el interior del mundo de la medicina, los curanderos bajo la misma máxima que define el proyecto de las compañías aseguradoras, "de haz dinero sin mirar con quién", se enriquecen con la desesperación de la gente que se encuentra entre la espada y la pared, por una parte la costosísima espada del cirujano y por la otra, la pared de los curanderos y hierberos, quienes además se convierten en una alegoría religiosa de el Muro de las Lamentaciones. (en toda lamentación existe una manera muy primitiva y terapia).

       Si la medicina pretende rescatar a la gente de las garras de los charlatanes, tiene frente a sí un obstáculo de dimensiones inhumanas, luchar contra la tendencia actual que al igual que el pensamiento mágico, ha sido parte de su naturaleza: el ansia de poder y enriquecimiento que vive mjuy dentro de todo ser humano; y si existen excepciones en este rango, deben de ser como una mera excepción, por que como regla, impera lo contrario.

       Sin embargo la medicina no es capaz de realizar este reto, seguramente permanecerá como un mal necesario, un mal no en sí misma, si no porque será cautiva de fuerzas e intereses que le impondrán un destino muy distinto al que sus ideales le habían conferido.

      Este asunto de los brujos, chamanes y demás hierbas es ajeno al interés médico y ni siquiera se le puede considerar como un rival en buena lid, por que no lo es. A la medicina le espera un largo y sinuoso camino y una tan ansiada redención, al retomar como el hijo pródigo hacia los ideales de su génesis; un gran futuro que apenas comienza a vislumbrarse en esta actualidad convulsa, a la cual Octavio Paz denomina como la edad más negra de la historia del hombre.

Dr. Juan de Dios Leal Rodríguez-

 

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